Ayer salí a bucear por primera vez en barco para hacer una inmersión que se llama "La baja de Los Realejos".
Partimos del Puerto de la Cruz en un día de mar tranquila y cielos despejados que auguraban una magnífica visibilidad en el fondo. Recorrimos la costa del Valle de La Orotava y contemplé desde el mar esa parte de la isla, una nueva perspectiva que añadir a tantos y tantos panoramas disfrutados... los barrios que se acercan hasta el borde del acantilado o las playas y las moles hoteleras que afean la visión, los centros urbanos bien apiñados, las medianías cultivadas y el bosque de pino canario trepando hasta las alturas, y luego, abrazando todo, el Teide origen y referencia de nuestra isla. La lancha brincaba sobre las pequeñas olas y el refrescante aire aliviaba el calor que provocaba el traje.
Llegada a destino, preparación final, últimas explicaciones y ¡al agua!
Nada para mi es comparable a sumergirme con botella... desinflar el chaleco y dejarme caer lentamente hasta el lugar de reunión, encontrar el punto justo de flotabilidad y lanzarme a explorar y disfrutar de un mundo que nos es tan cercano como desconocido. Relajados golpes de aleta me impulsan mientras la ligerísima corriente me mece, con solo llenar o vaciar los pulmones subo o bajo suavemente como en un baile lento, las burbujas que exhalo acarician mis orejas y me gusta jugar con las que sueltan mis compañeros, y esos seres que habitualmente veo sobre camas de hielo están ahora a mi alrededor en cantidades ingentes con toda su vitalidad y colorido, aceptando nuestra presencia con tranquilidad.
En ese lugar una plataforma rocosa asciende desde el fondo hasta unos 10 metros de la superficie y en sus paredes la vida estalla: fulas, samas, abades, morenas, peces trompeta, anémonas escasas, alguna langosta... y erizos, cientos de bellísimos erizos de largas púas negras con la base añil que como en tantos otros sitios aquí también son dañia plaga, por eso está bien sacar el cuchillo y desprender de la roca todos los que se pueda, lo que además provoca que decenas de peces se abalancen sobre los ahora indefensos depredadores para un inesperado festín.
Pero lo que a mi más me gusta, más que investigar cavidades o buscar bichos nuevos es simplemente bucear, flotar en ese elemento que siento que me acoge, voltearme en la ingravided para ver las burbujas ascender y el sol penetrar los 25 metros de agua que tengo sobre la cabeza intentando que la sonrisa que inevitablemente me surge no inunde mi máscara. Allí abajo, acompañando a los bancos de peces, dejando la mirada perderse en la búsqueda del fondo, vacía la mente de cualquier pensamiento, rodeada del infinito azul... allí abajo soy feliz.

OOOOoooooohhhh, qué post más chulo!!!! qué manera de contarlo, cómo lo echaba de menos........................... y qué envidia más grande!!!! y es que
¡¡¡A MÍ TAMBIÉN ME GUSTA BUCEAR!!!! ¿SE ME ESCUCHA BIEN??????
Besos y achuchones, señora buza.
Pues ya sabes bella flor... escapada a tenerife y te organizamos un bautismo de agua.
Por cierto: besos del Mayoral que nos hemos estado echando unas risas esta mañana.
Y un achuchón de mi parte.
Mira, ahora me voy a roncar, o a intentarlo.. ¿qué te parece?
El post muy bonito, y de verdad que me alegro que te lo pases bien buceando. Pero yo soy un cagueta, y sólo me siento seguro (y no del todo) pisando tierra firme. Ni en el aire ni en el agua estoy tranquilo.. qué se le va a hacer.. :-(
Un beso, jiribilla¡